Soy una chica de 16 años, alegre y divertida pero a la que a la vez su pasado le atormenta y la que quiere compartir su día a día y sus problemas para así ayudar a los demás y sobre todo a si misma.
lunes, 26 de mayo de 2014
De lunes a lunes.
Llevo dos días sin salir de casa porque el lunes empecé con vómitos. Todo lo que comía me sentaba mal y lo echaba, pero como estaba muy agobiada, nerviosa, estresada y con mucha ansiedad no le dí mayor importancia hasta el martes.
Fui al gimnasio porque amo el deporte y me relaja muchísimo como ya sabéis (y porque soy una bruta) así que al andar con bastante ansiedad con más motivo aún.
Estando allí me llamó mi madre para ver cómo estaba y al ir a contarle que me encontraba muy mal, me derrumbé. Me puse a llorar sin poder parar. Ahí fue cuando me decidí llamar a mi padre y que me llevar al hospital para que me dijeran que me pasaba. Me hicieron analítica, pusieron medicación por vena, dijeron que lo que yo tenía era una ansiedad de caballo y que por eso me dolía tanto la boca del estómago y tenías las náuseas y vómitos y esos mareos y que con la medicación esa ver si mejoraba, pero lo más importante era que me tranquilizara. Después de dos días sin poder comer, parece que estoy mejor pero no era eso lo que quería contar. Yo quería contar que estando en el hospital esperando a que me llamaran tenía un niño a mi lado, a un niño de unos 2-3 años que lloraba cuando su mamá se iba como si le fuera la vida en ello. Gritaba y lloraba sin que su padre pudiese calmarlo hasta que su madre volvía a su lado. A mí también me gustaría echar de vez en cuando esas lágrimas tan sentidas. Poder gritar de esa manera y sacar todo lo que tienes dentro de vez en cuando, como un niño pequeño sin preocuparte nada más. Yo cuando me derrumbo (cosa que últimamente hago casi todos los días) me siento como un globo que se deshincha por completo, que se hace una pelotita y que se deja coger por cualquiera. Que necesita que cualquiera le preste un mínimo de atención.
Yo tengo uno oso enorme, casi como yo de grande al que cuando me derrumbo lo abrazo con fuerza y me dejó querer por él. Me hago tan bolita, me quedo tan deshinchada, tan encogida que hasta mi oso abulta más que yo. Él me abraza, él me consuela. En esos momentos siento que ese susurro suyo, ese "Yo siempre estaré aquí pequeña. Yo te abrazaré cuando te derrumbes. Todo saldrá bien.", en definitiva, las palabras que sientes en abrazos de esos momentos. Los momentos en los que no puedes detener las lágrimas. Aveces no es tanta la necesidad de que te den una solución porque muchas de ellas no la tienen y otras muchas veces lo que a ti te hace falta es que simplemente te escuchen. Tienes tantas ideas, tantas preocupaciones, tantos pensamientos amontonados que sólo necesitas ser escuchado para ordenarlos, para que ordenándolos encuentres tú tus propias respuestas a todo. A veces sólo necesitas ese abrazo que te descomponga al principio para expulsarlo todo y que te recomponga al final cuando ya tienes las ideas más claras.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario