Soy una chica de 16 años, alegre y divertida pero a la que a la vez su pasado le atormenta y la que quiere compartir su día a día y sus problemas para así ayudar a los demás y sobre todo a si misma.
martes, 6 de mayo de 2014
06.05.14 (Martes)
Ya que yo estoy completamente en contra de lo "normal", a lo que estamos acostumbrados, a la rutina y a la monotonía he decidido empezar un martes. En realidad iba a empezar ayer pero parece ser que el destino, el futuro o lo que quiera que sea y en lo que yo creo ha decidido complacerme y evitar que me una a la rutina que tiene la gente con empezarlo todo los lunes por ser el primer día de la semana.
Hoy, tal y como hago todos los días ya que no me queda otro remedio que ir a clase para tener un futuro menos... Digamos que menos malo que el de una persona sin estudio alguno, pues he ido a clase con ganas de aprender y, por supuesto de saber mis buenas notas(un precioso 10 y un, digamos que bastante agradable 9'1) después de haber estado dos semanas de vacaciones. La mañana ha ido como de costumbre y muy tranquila hasta que mi asqueroso lio (y digo asqueroso porque después de haberle besado tuve que lavarme la boca como lo hacen en las películas por el asco que me dio) de navidades me ha tirado del pelo para ver si se caía y preguntarme que qué me había hecho en el. Yo, por supuesto que me he puesto mis preciosas y amadas extensiones rubias con puntas fucsias de 60cm hacia un lado y sin mirarle me he ido con mis amigas hacia clase hablando de nuestras cosas y riéndonos tal y como hacen las chicas de 17 años.
Cuando he vuelto a casa me he puesto a leer la nota que me había dejado mi madre en la mesa de la cocina, la cual ya estaba a la hora del desayuno pero que no me ha apetecido leer y me he bajado a por el pan tal y como lo pedía ella junto a que me echara comida suficiente y que por favor me la comiera toda. La verdad es que no lo he hecho, pero simplemente porque no tenía nada de hambre y estaba con el estómago mal.
Después de haber pasado dos horas de mi querida y preciada tarde de martes en clase de gimnasia, eso sí, sin hacer otra cosa que no fuera hablar con mis amigas, me he ido unas tres horas al gimnasio y luego ya me he vuelto a casa.
Adoro ir al gimnasio y estar en forma, todos los días hago deporte, si no voy al gimnasio (no quiero abusar para no preocupar a mi madre innecesariamente) salgo a correr por el monte que hay al lado de mi casa. Cuando estoy corriendo o mismamente cuando estoy en el gimnasio con la música del móvil a tope, me siento libre. Me desahogo. Me relajo. Me siento viva y llena de energía a la par que en forma, y esa sensación yo no la cambio por nada.
A la hora de cenar, estando ya los tres en casa, mi padre, mi madre y yo, me han dicho que el sábado tenían una cena y que iban a ir al pueblo a dormir. Mi madre ya suponía que yo me quedaría aquí pero mi padre, quien piensa que su hija sigue teniendo 8 años y que puede manejar su vida a su antojo pues se ha enfadado bastantes al saber que no iba a ir allí y pensar que ya el año que viene no estoy en esta casa sino en Bilbao estudiando lo que me gusta. La verdad es que sus enfados a mi me valen bien poco, no se preocupó lo más mínimo cuando su amigo, el que le ayudaba en el pueblo, me metía mano, ni hizo nada por evitarlo, ahora sus opiniones y todo lo que mandar o simplemente saber de mi respecta pues me importa muy poco. Cuando él se enfada lo hago yo también, y que me enfade yo es mucho peor que cualquier otra cosa con lo que no me afecta lo más mínimo.
Después de este día yo he acabado agotada y estoy escribiendo esto con mis pocas últimas energías. Buenas noches anónimos míos :)
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