Soy una chica de 16 años, alegre y divertida pero a la que a la vez su pasado le atormenta y la que quiere compartir su día a día y sus problemas para así ayudar a los demás y sobre todo a si misma.
domingo, 27 de octubre de 2013
Otoño.
Casi sin darnos cuenta ha llegado el otoño que cubre las calles con sus ojas secas recién caídas del arbol y obligandonos sin quererlo a empezar ha abrigarnos. Hoy estoy inspirada y con ganas de escribir asique me pondré a ello. Antes estaba en un lago que hay alado de mi casa pensando en todo lo que ha pasado estos últimos días: le mandé un mensage con mi móvil a Carlos diciéndole que era Ana y pidiéndole que por favor insistiera en lo que me pasaba ya que sino no sería capaz de decírselo. A la noche hablé con él y todo parecía ir bien cuando se lo conte hasta que a la tarde siguiente me pidió el teléfono de Ana para hablar con ella, como en ese momento estaba con Ana se lo conté todo y me dio permiso para darle su teléfono. Hablaron y Carlos le contó ciertas cosas que yo no le había contado a Ana por no preocuparla y hoy me ha sometido a un largo y sobre todo efectivo interrogatorio. Puedo decir que me siento mucho mejor y que tengo a mi lado a personas que valen la pena y a las que debo lo inpensable. Pero ese no era el tema, sino que una simple explicación de porqué estoy mejor, y a lo que iba era a una reflexión que he hecho en un bonito sitio. Hace un rato estaba en el lago que hay en el monte de alado de mi casa cuando mi cabeza ha dejado de hablar por un segundo y se ha parado a escuchar lo que le rodeaba, me he dado cuenta que cuando te quedas sentado al aire libre, relajado y pensativo sin darte cuenta y sin prestar mayor atención se oye continuamente el sonido del aire rozando la hierva o golpeando tanto a los arboles como a ti, ese sonido simplemente esta ahí, no se nota, no molesta pero si que es completamente necesario ya que cuando para notas que algo falta. Nunca le prestas mayor atención porque siempre está al igual que el canto de los pajaritos o cuando pasan volando a tu alado, sin miedos, sin preocupaciones, simplemente vuelan y se dejan deslizar entre el viento, da igual que los observes o que pases de ellos, no se preocupan, sólo pasan acompañando ese cuadro con sonidos que tanto relaja. Y vas notando cómo tus preocupaciones se desvanecen, se vuelven más y más pequeñas, menos importantes porque ahí te sientes como en casa, te sientes protegida y pospones tus preocupaciones para cuando de allí te vayas queriendo aprovechar ese momento cómo ninguno. Queriendo conocer más de lo que conoces acerca de tus pensamientos, y las palabras que van deslizandose por tu mente, te sientes escritora en momentos así, te sientes bien, te sientes protegida. Y quedandote con ésa fuerza y ése bienestar que te aportan esos sitios te vas de allí tal y como has llegado.
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